Monseñor Gabriel Escobar, quien se encuentra en proceso de dejar el Vicariato Apostólico del Chaco tras más de diez años de labor, exhorta a los chaqueños a manifestarse ante las injusticias sociales que enfrentan. En una entrevista previa a su traslado a Asunción, Escobar mencionó que durante su tiempo en el Vicariato ha sido testigo de las múltiples carencias que sufren los pobladores debido a la falta de presencia estatal.
Uno de los problemas más graves que enfrenta la región es el aislamiento constante de sus comunidades, que se agrava con la escasez de caminos adecuados. Esta situación provoca que, con las lluvias, muchas localidades queden incomunicadas durante largos períodos. Para que la región pueda avanzar, es fundamental la construcción de caminos permanentes.
Al ser interrogado sobre las promesas del presidente Santiago Peña de asfaltar los caminos en Alto Paraguay, que no se han cumplido en tres años de gestión, el obispo consideró que estas promesas no cumplidas evidencian una falta de honestidad política que afecta a una población vulnerable.
Asimismo, criticó la grave situación de precariedad en el sistema de salud de la zona, mencionando que el Hospital Regional de Fuerte Olimpo no ha podido realizar cirugías en dos años por la falta de un anestesista.
“El Gobierno se enorgullece de construir grandes hospitales; sin embargo, carece de los recursos necesarios para equiparlos y, sobre todo, para contratar a médicos especialistas”, afirmó.
Escobar también se refirió al nuevo Hospital de Fuerte Olimpo, que describió como un “gran elefante blanco”, ya que, a pesar de haber sido terminado hace tiempo, aún no cuenta con el equipamiento necesario ni con el personal médico requerido, lo que atribuyó a la falta de incentivos económicos del Gobierno Central.
Cuando se le preguntó si había recibido amenazas por sus denuncias, el obispo respondió que, como pastor de la Iglesia, no puede permanecer indiferente ante las necesidades de la gente. Afirmó que nunca ha recibido amenazas, aunque sí ha sido objeto de intentos de desprestigio a través de noticias falsas que lo acusaban de ser un “obispo planillero”, publicadas por políticos que se sentían amenazados por sus denuncias.
