Paraguay debe experimentar un crecimiento que se refleje en la vida diaria de sus ciudadanos. Aunque la pobreza monetaria se redujo al 16% en 2025, esto aún representa aproximadamente 985.000 personas. Además, el desarrollo se ve afectado por la desigualdad, evidenciada por una disminución del 20,8% entre el índice de desarrollo humano y su versión ajustada. Esto indica que, aunque el promedio nacional pueda mejorar, persisten marcadas diferencias en ingresos, educación, salud y territorio.
Asimismo, es necesario cerrar la brecha en el acceso al primer empleo. La tasa de desocupación entre los jóvenes de 15 a 29 años es del 8,6%, en comparación con el 4,7% a nivel nacional, y la informalidad en el grupo de 15 a 24 años alcanza el 74,8%. El reto no solo radica en generar empleos, sino en asegurar que la entrada al mercado laboral brinde oportunidades de capacitación, protección social, acceso a crédito, ahorro y mejores ingresos.
En el ámbito educativo, Paraguay no puede medir su éxito únicamente por la cantidad de matrículas, presupuesto o instituciones. Es esencial incluir indicadores de aprendizaje, permanencia y desarrollo de capacidades. Según el Censo 2022 del INE, la asistencia escolar es del 92,3% entre los 6 y 14 años, pero desciende a 83,9% entre los 15 y 17 años, y a 79,4% en áreas rurales. El Banco Mundial también señala que la baja calidad educativa, los deficientes resultados de aprendizaje y las desigualdades desde la primera infancia son obstáculos para el desarrollo del capital humano.
Finalmente, se requiere un cambio territorial que minimice el impacto de la distancia a los principales centros urbanos en las oportunidades disponibles. Los datos indican que la población y los servicios están en proceso de redistribución, con Central concentrando siete de los diez distritos más poblados del país, y ciudades como Capiatá, Luque y Limpio proyectándose para seguir creciendo hasta 2035.
