Durante la misa dominical en la Catedral Metropolitana, el cardenal Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción, centró su homilía en la vocación cristiana y el llamado a la fraternidad. En un mensaje que promovió la empatía y la misericordia, manifestó su preocupación por la violencia que persiste en la sociedad y mencionó el reciente feminicidio de Deisy Paola Giménez Segovia, quien fue asesinada brutalmente el jueves pasado.
En el contexto del XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario y coincidiendo con la memoria litúrgica de san Juan XXIII, el arzobispo de Asunción abordó con tristeza la problemática de la violencia que quita vidas inocentes en el país. Durante la celebración eucarística, hizo una pausa en sus reflexiones teológicas para referirse directamente al trágico caso de la joven de 22 años.
El religioso conectó las lecturas bíblicas con las dificultades y dramas que enfrentan las familias paraguayas, instando a las autoridades a actuar rápidamente ante situaciones de vulnerabilidad e inseguridad. Subrayó la necesidad de que las instituciones cumplan su función de protección para asegurar la tranquilidad y seguridad de la ciudadanía.
Además, elevó una oración por el consuelo de los familiares de las víctimas y por una pronta pacificación social en un contexto marcado por el aumento de hechos violentos. En el núcleo de su discurso, el cardenal Martínez expresó el dolor que causa el feminicidio de Deisy Paola Giménez Segovia, al igual que otros casos recientes.
Aludiendo a un pasaje profético de Isaías sobre el velo que cubre a los pueblos, el monseñor solicitó: “Pedimos al Señor que arranque el velo de tantas tragedias que cubren nuestra tierra, tan fecunda y, sin embargo, regada con sangre inocente”. En este sentido, enfatizó la responsabilidad de protección mutua y la exigencia hacia los poderes del Estado, afirmando: “Somos guardianes unos de otros. En un Estado de derecho, la justicia debe resguardar a los ciudadanos de los atropellos. No dejemos que el dragón de la muerte, nacido de corazones en tinieblas, disperse el rebaño”. Finalmente, concluyó su mensaje pidiendo: “que Dios enjugue las lágrimas de las víctimas y de sus familias, y que haya justicia y protección para quienes sufren violencia”.
